| El ser o
no ser de William Shakespeare
Dos investigadores británicos
aportan extraordinarias evidencias históricas
de que las obras teatrales de William
Shakespeare no fueron escritas por el
bardo, sino por Sir Henry Neville, un
político descendiente del Rey Eduardo
III y Juan de Gante
Retrato de Shakespeare
expuesto en la Portrait Gallery de Londres |
 |
TEXTO: DAVID KEYS
LONDRES. Después de haber indagado minuciosamente
durante cinco años en los archivos históricos
británicos, Brenda James, una especialista
en la obra shakespeariana, y el catedrático
William Rubinstein, de la Universidad de Gales
(Aberystwyth), aportan pruebas fehacientes de
que el verdadero Shakespeare fue un aristócrata
y diplomático inglés que respondía
al nombre de Sir Henry Neville. El descubrimiento
será publicado en un libro que se presentará
a finales de este mes en el teatro Shakespeare´s
Globe de Londres.
Los viajes de Sir Henry. Para empezar, el contenido
político y la ubicación geográfica
de las obras de Shakespeare son el perfecto
reflejo de los viajes y aventuras conocidos
de Sir Henry Neville (1562-1615), un diplomático
y político muy cultivado que era originario
de Berkshire. «Trabajos de amor perdidos»
se hace eco de parte de las cuestiones debatidas
en la Universidad de Oxford en la época
en que Neville estudiaba allí, entre
1574 y 1579. Además, Neville conoció
personalmente a muchos personajes de la obra.
«Medida por medida» está
ambientada en Viena, ciudad que visitó
Neville en 1580. Uno de los temas de la obra
--las leyes contra la inmoralidad- refleja ideas
con las que se enfrentó Neville cuando
conoció a un filósofo calvinista
del lugar. «Romeo y Julieta», «La
fierecilla domada», «Dos caballeros
de Verona» y «El mercader de Venecia»
suceden en el norte de Italia, región
que visitó Neville en 1581 y 1582.
«Hamlet» tiene por escenario Dinamarca
y, según la investigación de James,
Neville obtuvo información sobre los
antecedentes del príncipe danés
mientras recorría la actual Polonia y,
posiblemente, también Dinamarca. «Enrique
V» refleja el viaje de Neville a Francia,
donde fue embajador de Inglaterra entre 1599
y 1600. De hecho, algunas de sus escenas fueron
escritas en francés, idioma que Neville
hablaba, pero Shakespeare no. Y en «Enrique
IV», segunda parte, escrita justo antes
de que Neville viajara a Francia, un personaje
que interviene hacia el final de la obra dice:
Me ha dicho un pajarito que llevaremos nuestras
armas y nuestro fuego a Francia.
Las conspiraciones. Como político, Neville
participó en una conjura fallida dirigida
por el conde de Essex contra el Gobierno en
1601 y fue encarcelado en la Torre de Londres
por traición. A partir de ese momento,
las obras de Shakespeare cambiaron de forma
abrupta el tono histórico o cómico
a otro sombrío y trágico. Las
textos retratan a muchos de los antepasados
de Neville, algunos miembros de la realeza y
otros no relacionados con ella -Juan de Gante
en «Ricardo II», el influyente Warwick
en «Enrique VI», segunda parte,
y el Rey Duncan de Escocia en «Macbeth»-
con una luz particularmente favorecedora.
Otra prueba aportada es un documento redactado
por Neville mientras estaba preso en la Torre
de Londres y que contiene notas detalladas que
acabaron siendo utilizadas por Shakespeare en
su «Enrique VIII».
Similitudes estilísticas y lexicográficas.
Se dan también sorprendentes similitudes
de estilo y vocabulario entre la correspondencia
privada y diplomática de Neville y las
obras y poemas de Shakespeare. Un análisis
de frecuencia léxica revela, además,
una correlación estadística. Y,
por último, un documento descubierto
en 1867 contiene una prueba directa, desoída
durante mucho tiempo, de que Henry Neville practicó
la falsificación de la firma de William
Shakespeare. El documento, con letra de Neville
y con su nombre en la parte superior, incluye
17 intentos de practicar varias versiones de
la firma del bardo.
Los dos eruditos proponen que William Shakespeare
era el «testaferro» de Neville.
Sugieren que Neville no podía permitirse
ser reconocido como autor de las obras, ya que
algunas de ellas eran políticamente muy
delicadas y controvertidas. De hecho, si las
autoridades isabelinas hubieran sabido que Neville
era el autor de «Ricardo II», probablemente
le habrían ejecutado en lugar de limitarse
a encarcelarlo después de la revuelta
del conde de Essex en 1601.
De la Casa de Plantagenet. El problema político
de Neville era que pertenecía a una dinastía
rival a la de los Tudor. Era descendiente de
los Plantagenet. Su abuelo y su tío abuelo
habían sido ejecutados por Enrique VIII.
Con tales antepasados, Neville debía
ocultar la autoría de obras polémicas.
«Ricardo II», que trata sobre el
derrocamiento de un rey, se representó
en Londres 40 veces justo antes de la revuelta
de Essex, y fue considerada por las autoridades
como subversiva. Shakespeare y sus colegas fueron
interrogados por investigadores del Gobierno,
pero no detenidos.
Jonson, Falstaff y Mary Arden. Uno de los pocos
documentos que atribuyen oficialmente las obras
a Shakespeare fue la edición «First
Folio», publicada en 1623. Ben Jonson
fue uno de los responsables de que se pusiera
el nombre de Shakespeare en aquella primera
edición y, por aquel entonces, trabajaba
en una universidad de Londres asociada con la
familia Neville. James y Rubinstein creen que
Jonson ayudó a promover la ficción
de la autoría de Shakespeare a instancias
de Henry Neville. James y Rubinstein también
insinúan que el personaje de Falstaff
-que aparece en cuatro obras- en realidad estaba
inspirado en el propio Nelville. En principio,
Falstaff iba a llamarse «Oldcastle (viejo
castillo)», un juego de palabras antonímico
con el nombre de Neville, el cual derivaba del
francés «nueva villa».
Cabe destacar que el mecenas de William Shakespeare
era el conde de Southampton, uno de los socios
de Neville. De hecho, tras la revuelta de Essex,
ambos permanecieron en la Torre de Londres durante
dos años. Es más, la madre de
Shakespeare, Mary Arden, era pariente de Neville.
James y Rubinstein alegan que, a través
de estas conexiones, Neville conoció
a Shakespeare y le propuso que fuera su testaferro.
Afirman que Shakespeare dirigió las obras,
actuó en ellas y era copropietario de
la compañía que las representaba,
pero no escribió ninguna.
No tenía estudios. Los estudiosos siempre
se han preguntado cómo era posiblel que
William Shakespeare escribiera obras que requerían
amplios conocimientos geográficos y políticos,
así como dominio para leer fuentes textuales
en latín, griego, francés, español
e italiano, a pesar de que había abandonado
la escuela a los 12 años.
Durante los últimos 130 años,
algunos especialistas habían barajado
la idea de que la autoría de las obras
de Shakespeare correspondía al abogado
y científico Francis Bacon, a Eduardo
de Vere, conocido donjuán Tudor o, incluso,
al dramaturgo Christopher Marlow, pero la mayoría
de los expertos consideraban que no se habían
reunido suficientes pruebas. Ahora, la propuesta
de que Sir Henry Neville -nunca antes relacionado
con Shakespeare- sea el verdadero autor de las
obras del bardo tendrá que ser analizada
con detalle por los especialistas de todo el
mundo.
Los autores hablan. «Hemos acumulado
tal cantidad de evidencias de que Neville es
el autor de las obras de Shakespeare, que la
hipótesis nos parece abrumadoramente
sólida», afirma Rubinstein. «Al
comparar la cronología de los textos
con la vida de Neville, descubrimos que encajan
perfectamente y esclarecen la evolución
de las obras -afirma Brenda James-. La belleza
y la elocuencia que Neville demuestra en su
correspondencia privada y diplomática
se corresponden con la vivacidad y la invención
lingüística de las shakespearianos.
Al examinar sus cartas se encuentran términos
y construcciones inusuales que normalmente no
se hallan fuera de la literatura de Shakespeare»,
concluye.
Queremos recordarles que pueden adquirir libros
en nuestra librería
on-line en castellano, francés, italiano
e inglés.
Inscripciones
y comunicaciones:
info@lacasaquegrita.org
|