|
EXPEDICION
AL “SAHARA OCCIDENTAL”
La idea de realizar una
expedición al Trópico de Cáncer
me sedujo de inmediato.
Quería pisar aquella tierra desconocida
para mí, aunque no por ello indiferente.
El antiguo Sahara español. ¿Cómo
miraría ese pueblo a los hijos de los
traidores? ¿Cómo le miraría
yo?
Tendríamos que cruzar MARRUECOS de norte
a sur y adentrarnos en el SAHARA OCCIDENTAL.
 |
Hasta
mediados del siglo XlX, la tierra saharaui
estuvo libre de la ocupación extranjera.
Las relaciones con España se limitaron
en su mayoría a cuestiones de pesca.
El interés español en el
territorio estaba principalmente determinado
por su deseo de proteger el archipiélago
canario.
La ocupación efectiva de todo el
territorio por la administración
española será en 1936, aunque
España llevaba ya 50 años
en la región. |
Hasta entonces
MARRUECOS en diversos momentos reconoce no tener
autoridad ni poder sobre Saguia El Hamra. Al
ingresar España en las Naciones Unidas
en 1955, debe someterse a los principios de
descolonización. En 1965 la ONU proclamó
el derecho a la autodeterminación del
Pueblo saharaui e instó a España
a que agilizara su descolonización. MARRUECOS
Y MAURITANIA se apresuraron a pedir parte del
territorio. A principios de los años
70, ESPAÑA decidió convocar un
referéndum de autodeterminación
y empezó a elaborar el censo de la población.
En 1975, en medio del proceso de la transición
democrática iniciada en ESPAÑA
con la muerte de FRANCO, el gobierno español
procede a la entrega del territorio a MAURITANIA
Y MARRUECOS. Comienzan los enfrentamientos armados
entre el ejército de liberación
Popular saharaui (FRENTE POLISARIO) y las fuerzas
armadas Marroquíes. Pronto MAURITANIA
renuncia a sus derechos sobre el territorio,
pero MARRUECOS continúa la ocupación
llevando civiles a la zona, que serán
votantes en el próximo referéndum
(una y otra vez aplazado). De esta manera, MARRUECOS
va poblando lentamente las ciudades con personas
a las que les paga todo para que vivan en el
Sahara, que sus hijos sean Saharauis y voten
en el referéndum a favor de MARRUECOS.
La población saharaui civil se vio obligada
a huir a la región argelina, instalándose
en cuatro grandes campamentos en la Hamada (TINDUF),
uno de los lugares más agrestes y duros
del Sahara. Allí han construido talleres,
huertos, hospitales, escuelas. Continúan
a la espera de la solución del conflicto.
Llegado a este punto levanto la vista del
cuaderno de viaje preparado por nuestro jefe
de expedición. La historia que acabo
de leer me salpica. Me domina un sentimiento
de vergüenza y expectación.
El mes anterior a nuestra marcha estuvo marcado
por una actividad frenética. El coche
fue desmontado y transformado totalmente. Portábamos
un depósito adicional de gasoil de 180
litros, 60 litros de agua, comida y ropa (las
noches en el desierto serían muy frías).
La erótica del viaje
desaparece en la frontera de CEUTA frente
a una horda de cantamañanas, tunantes
y vividores. Los niños púberes
se acercan al coche con una sonrisa de oreja
a oreja y, como si de mera retórica
se tratara, nos piden mil euros.
-¿¡¡MIL EUROS…!!?-
pregunto a mi vez, casi grito. Pero ellos
siguen sonriendo. ¿Están locos?,
¡no saben lo que hay que trabajar
para ganar esa fortuna! |
 |
Seguidamente nos abordan los “organizadores”.
Éstos te indican la fila en la que debes
situarte (y mira que yo creo que la otra tiene
menos gente, pero si él lo dice…).
Por fin llegamos a la ventanilla que nos señala
(en la que el aduanero, misteriosamente, no
está y a la que tarda más de quince
minutos en regresar). Una vez acomodado en la
destartalada butaca, pausadamente, no hay prisa,
teclea “a dos dedos” el ordenador
(¿¿¡¡un Spectrum!!??)
y nos dice, como si nada, que no tenemos los
papeles en regla. ¡No podemos pasar! Llego
a la conclusión de que hoy me he levantado
torpe y que mi francés de bachillerato
está hundiéndome en el atolondramiento
y jugándome una mala pasada. Lo que yo
no sé es que aún queda lo mejor
por llegar… falta el último del
escalafón: “el traductor adjunto
a la oficialía de Aduanas”, el
peor perillán de todos. Éste nos
traduce, con mucha pena, lo que nos está
gritando el Oficial de Aduanas: que nos falta
un papel “importantísimo”,
sin el que no podremos cruzar la frontera. Se
trata del papel sellado con la salida de Marruecos
de otro coche que utilizamos en nuestro ¡antepenúltimo!
viaje.
Me río pero en realidad tengo ganas de
tirarme a la yugular del truhán. FRAN
intenta razonar con el de la ventanilla a través
del traductor: - desde entonces hasta este momento
he realizado dos viajes más a MARRUECOS
y no me han pedido el papel del coche con el
que salí del país en el 2.004-.
El Sr. Truhán encoge los hombros, yo
resoplo y, antes de empezar a increparle, FRAN,
con media sonrisa y entre dientes, me susurra:
- calma, si me piden 500 euros se los doy, pero
no me vuelvo a casa.
Me trago un cargamento de protestas. Tras mucho
discutir nos ponen el sello de entrada, como
si de un favor se tratara, y mi FRAN suelta
al viejo intérprete 100 Dirhams (10 Euros).
¡La representación y puesta en
escena de esta pantomima puede catalogarse de
Oscar!
Refunfuño en la cama recordando lo
sucedido, al tiempo que FRAN me susurra, como
quien no quiere la cosa, que nuestro coche ha
empezado el viaje con un sonido un poco raro.
Estamos en un Hotel de CASABLANCA, es el comienzo
de la aventura; sobre la cama sólo veo
oscuridad… Hago examen de conciencia:
¡si, hemos seguido el juego a los marroquíes
y el coche tiene un ruido raro…! ¿Acabaremos
el viaje? Suspiro. A mi memoria me llegan imágenes
de la bruma en un aeropuerto: BOGART se despide
de su chica (es peor tragedia que la mía)…
- Siempre nos quedará PARÍS -,
le digo a FRAN al oído, pero su respuesta
es una respiración profunda y pausada.
Vamos bajando, por la costa, hacia SMARA,
la puerta a nuestro destino. La ansiedad nos
domina hasta el punto de no valorar en su justa
medida el bello recorrido que hacemos por la
costa hacia ESSAOUIRA. El mar está algo
bravo y las olas rompen contra rocas y acantilados.
Las pinceladas rojas, salvajes, sobre el cielo
aterciopelado de ESSAOUIRA nos hacen boquear
y aplazar la emoción del objetivo.
Seguimos nuestra ruta hacia el sur. Los controles
policiales se suceden. El jefe de expedición
parece no darles importancia, pero yo me inquieto.
Nos advierten repetidas veces que no nos salgamos
de las rutas conocidas ya que hay riesgo de
minas. Minas heredadas de la guerra librada
entre Marruecos y el Frente Polisario por el
control del Sahara.
Cerca de SMARA circulamos por pistas utilizadas
por el Rally París-Dakar. La cara de
nuestros pilotos es un poema, pero la de mi
FRAN es espectacular. No interrumpo esa comunión.
Por un momento están en el Dakar. A través
de una inmensidad regia, silenciosa, circulan
a gran velocidad, prietas las manos en el volante,
las mandíbulas rígidas. Sólo
habla el polvo levantado por las rodadas de
los coches. La pista, una llanura interminable,
no es otra cosa que un lago seco. De repente,
gratuitamente, se nos hace una ofrenda soberbia:
un espejismo… ¡El mar por nuestra
derecha!
Las emisoras siempre calientes y en acción,
ahora están silenciosas. Todos estamos
sobrecogidos por el momento mágico en
medio de esta serena belleza. ¿Qué
importa el precio que vamos a pagar por este
día?
La jornada ha terminado y se efectúa
el reagrupamiento y el recuento de daños.
Los coches han sufrido mucho. A JOSEPE se le
ha roto el soporte del filtro del gasoil (lo
sujetamos como se puede con una vieja cincha
y unas cuantas bridas de electricista). A JAVI
le suena la amortiguación. JUANQUI descubre
que tiene partido el amortiguador delantero.
El nuestro, resiste aún.
Cuando llegamos por la noche a la ciudad de
SMARA, lo único que deseamos es una ducha,
la cena y dormir a pierna suelta, pero la realidad
se ríe de nosotros. SMARA es una ciudad-cuartel
ocupada por MARRUECOS. El único Hotel
que hay se distingue por la falta de baños
en las habitaciones y por la existencia de una
letrina infame en el pasillo común. En
la cena, más que el trozo de camello
seco que ocupa mi plato, me preocupa la discusión
que mantienen, alejados de las mesas, dos jefes:
el de nuestra expedición y el de la policía
local.
Nos prohíben continuar el viaje hacía
el sur. Dicen las autoridades marroquíes
que es por nuestra seguridad, pero a mi me huele
a patraña. ¿Qué autoridad
tiene MARRUECOS sobre esta tierra libre?
Somos sospechosos. Se niegan a que prosigamos
nuestro viaje. Piensan que somos una ONG encubierta.
No quieren reportajes, ni ayudas para una gente
que “no lo necesita”.
Como si hubieran leído nuestros pensamientos,
nos informan que nos darán escolta en
la ruta de regreso (siempre por carretera, nos
advierten).
En nuestro grupo se produce la escisión.
Los que no quieren provocar la cólera
de las autoridades marroquíes, y los
que reivindicamos nuestro derecho al pataleo.
Mi FRAN, al que no elegí precisamente
por su mansedumbre, capitanea el grupo rebelde.
Y como la mentira es un arma de destrucción
masiva, sin control, patrimonio de toda la humanidad,
aseguramos a las Autoridades que, frustradas
nuestras expectativas de llegar al trópico
de cáncer, nos volvemos a España,
directos, sin escalas.
Debemos hacerlo bien, digo mentir, porque no
insisten en acompañarnos. Se suceden
los controles, pero en cuanto vemos el momento,
abandonamos la carretera general y nos adentramos
por pistas inhóspitas, perdiéndonos
en la nada.
 |
La jornada nos ha vuelto a pasar factura. El coche de JOSEPE se va deshaciendo
a cada bache con serias consecuencias,
siendo la más significativa la
rotura del latiguillo de la bomba de freno.
En algún momento tendremos que
abandonar nuestra clandestinidad y buscar
alguna población donde arreglen
los frenos estropeados. Hasta entonces,
descansamos en algún lugar de la
nada, bajo un cielo espectacular cuajado
de estrellas.
|
La nueva jornada nos impone como objetivo llegar
a la población de ASSA, donde probablemente
encontraremos algún taller mecánico
que arregle los frenos a nuestro compañero.
Hemos comenzado la ruta entre las montañas,
por una pista completamente rota, donde un Bereber,
al que hemos llenado el depósito de su
motocicleta, nos insiste en que circulemos por
las pistas señalizadas por el peligro
de las minas enterradas. Por nuestros ojos desfilan
restos de camiones calcinados y trincheras abandonadas.
Pero el verdadero ambiente hostil se respira
en ASSA.
Entramos despacio por su calle principal. Los
marroquíes, aficionados a la tertulia
en la calle, observan nuestra comitiva con mirada
inescrutable. De repente, una piedra es lanzada
contra la ventana trasera del Nissan de MIKI,
que se rompe en añicos. Muchachos adolescentes
se abalanzan sobre el Mitsubishi de CARLOS,
arrancando la bolsa de basura que transporta
en la rueda de repuesto. Cerramos las ventanillas,
los seguros y seguimos en caravana hasta el
desvencijado taller mecánico donde parece
nos arreglaran el coche.
Hay tensión, miedo, agobio. Empiezan
a conglomerarse a nuestro alrededor niños.
Van de adulto en adulto pidiendo regalos. MARÍA
está lívida, MIKI crispado. Pienso
que tengo y puedo hacer algo. Llamo la atención
de los niños con gestos que les hacen
reír. En unos minutos han dejado de ser
una amenaza, tan solo son niños ávidos
de risas, de pronunciar sus nombres y cantarme
sus canciones. Cuando, por fin, nos subimos
a los coches y abandonamos ASSA, una treintena
de niños nos dice adiós con las
manos levantadas.
Ha transcurrido jornada y media y ya estamos
en camino hacía MARRAKECH. Conservamos
aún en nuestra mente y retina las imágenes
vividas en los cien kilómetros del cañón
recorrido.
Una vez dentro de él, no hay vuelta atrás.
Los frenos de JOSEPE vuelven a fallar. Siempre
hacia delante vamos recorriendo las paredes
del gigante de piedra. Se suceden los pueblecitos
que surgen entre las piedras, las ricas huertas
y palmerales. Caminos trialeros dificultados
por su estrechez y altura. JOSEPE, viejo lobo
de mar, conserva su buen humor mientras tira,
ora de reductora, ora de freno de mano; ninguno
le quitamos el ojo de encima.
En la frontera de CEUTA, somos once rebeldes
sin causa. El sabor de la aventura vivida nos
reconforta la frustración del objetivo
anhelado y no cumplido.
Dejo el teclado y me recuesto en el sillón
releyendo las últimas líneas escritas.
Oigo trastear a FRAN en el garaje con el coche.
Ha vuelto a desmontarlo y a llamarme…
no encuentra nada (porque todo lo escondo, dice).
Empiezan los preparativos. ¡Volvemos a
África! Dentro de cuatro meses, iremos
a los campos de refugiados de TINDUF, a través
de ARGELIA. Aún no hemos terminado.
MAR Y FRAN
| FRANCISCO
JIMÉNEZ HERNÁNDEZ |
 |
Fran
para los amigos. 39 años muy bien
llevados… aunque a veces la melancolía
marque unas pequeñas arrugas. Aries
sin remedio. Valoro por encima de todo el
Amor y la Amistad. Viajero empedernido y
apasionado, a mi pesar, de los coches. Mi
mayor sueño… ¡correr
el París-Dakar! |
| MARÍA DEL MAR
GUIJARRO ARRANZ |
 |
44 años a
mis espaldas. Acuario sin remedio. Abogada,
la mayoría de las veces de causas
perdidas. Siempre con proyectos. Mi mayor
logro: mi hijo Rodrigo. Mi mayor reto: Fran,
mi compañero.
Y a pesar de todo… con una fe ciega
en el Hombre. |
Inscripciones
y comunicaciones:
info@lacasaquegrita.org
|