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Semblanzas : Paul AUSTER

“Un libro es el único lugar del mundo donde dos extraños pueden encontrarse íntimamente”
Paul Auster (de una entrevista concedida a L’Express, 2 mayo 2002)

Tal fue la fuerza del impacto de los aviones entrellándose contra las Las Torres Gemelas de Manhattan el 11 de setiembre 2001, que muchos documentos y objetos aterrizaron en el jardín de la casa del escritor Paul AUSTER en Brooklyn. Él llamó desde entonces al 11-S “el día más aterrador de mi vida”. Casado con la también escritora Siri HUSTVEDT, Paul AUSTER vive desde siempre en una zona residencial de Brooklyn, en una casa donde se respira la calma, hasta un cierto lujo discreto.

Libros, revistas extranjeras empiladas, cuadros de familia, amplios canapés de terciopelo, mullidas alfombras. Un ambiente cosmopolita donde hay mucho de la Vieja Europa; así es la casa de este hombre que es considerado una de las mejores plumas de la literatura ya no solo estadounidense sino universal. En su despacho – donde se encierra unas ocho horas cada día - hay olor a madera encerada, a tabaco holandés; bibliotecas y libros de consulta a la mano; simplicidad. Todo se concentra y todo está en función del momento de la creación. Nada distrae a AUSTER de sus horas de trabajo literario. Muchos periodistas que lo han entrevistado dicen que en persona no solo es bello como un dios griego sino un hombre con un poder seductor extraordinario, sin un ápice de frivolidad; AUSTER personifica el maridaje de la aparente inocencia y sencillez americana con la clase del Lord que trata con la misma elegancia a una florista y a una duquesa. Dicho sea de paso, su mujer ha alcanzado tal éxito con su prosa profunda y delicada que muchos dicen que en un futuro cercano AUSTER será conocido como “el marido de Siri HUSTVEDT”.
Paul AUSTER frecuenta diariamente el “ 2nd Street Café “, un restaurante cerca de su casa, en uno de los barrios más simpáticos y cosy, de New York. El local no tiene nada de café literario sino es un luminoso restaurant con barra donde ancianos y jóvenes en jeans hacen un alto para un café o una Coca-Cola. Tras una charla, un apunte en su libreta que desliza discreto en su bolsillo, AUSTER suele enrrumbar hacia Prospect Park para un corto paseo, cojeando ligeramente debido a la flebitis que lo aqueja. Fuma, viste de pana y algodón y habla francés corrientemente, adora Balzac y sigue muy de cerca la evolución de la literatura en Europa. El francés es su segunda lengua, lo considera el idioma literario por excelencia.
Para conocer la génesis de su vocación literaria tenemos que remontarnos a su juventud, al momento de la crisis personal que sufrió y que no solo marcó su vida sino decidió su destino. El primer impacto fue la guerra de Vietnam que lejos de vivirla como comparsa en manifestaciones de protesta con fondo musical de Janis Joplin, la sufrió como una tragedia casi personal. Luego vino una drama familiar: el asesinato de su abuelo paterno por su propia abuela... estos dos lutos fragelaron de tal manera su espíritu que, perturbado, decidió abandonar los Estados Unidos y marcharse a Europa. Rompió con todo, una familia tradicional, sus estudios, una vida burguesa y una juventud que se perfilaba dorada para lanzarse a la bohemia moderna.
Dos ciudades dejaron en él una huella profunda: Dublín y París; en ambas capitales trabajó de lo que pudo y cuando pudo, conoció la precariedad económica, vivió las noches de las plazas y calles donde toda experiencia era posible. Se empapó de humanidad.
En París trabajó para el New York Times y prestó su pluma a escritores faltos de inspiración, al mismo tiempo que traducía al inglés Mallarmé, Bouchet, Dupin etc. Pero, lo más importante, encerrado en su estudio abuhardillado de la rue du Louvre, se dedicó a la lectura y al estudio de la literatura europea y decidió que su camino era la creación literaria, y nada más. Los últimos días en París bajaba desde su estudio hacia la rue de Rivoli con una idea, única y fija en la cabeza: convertirse en un gran escritor.
Es así como un indigente Paul AUSTER regresó a los Estados Unidos (apenas si pudo pagar su pasaje: “tenía nueve dólares en el bolsillo”, suele recordar) y en 1979 publicó su primera obra, prácticamente autobiográfica, “La invención de la soledad”. Desde entonces no paró de escribir: ensayos, artículos para revistas, críticas de cine, poemas, escenarios cinematográficos, ... así hasta su primera novela “Ciudad de cristal”, la primera de su ya célebre triología neoyorquina.
En 1989 es con “Moon Palace” que AUSTER conquistó finalmente su propio país, cuando su nombre era ya famoso en Europa. El suceso fue inmediato, su obra fue traducida a quince idiomas.
Paul AUSTER no es un hombre pretencioso, teniendo presente aquello que “la humildad es la verdad” rechaza ser catalogado: “Yo no soy un escritor cualquiera, yo soy quien soy...” Y es que AUSTER escribe con la pluma de Merlín: sus libros rebosan de magia, de hombres solitarios que miran al mundo con ojos cínicos porque son hombres y mujeres corrientes, no ángeles. Los anti-héroes por excelencia. AUSTER no escapa a la característca de todo escritor estadounidense, no puede (porque no quiere?) escapar de su medio. Por eso sus personajes viven en ciudades laberínticas, errantes, solitarios, tienen preocupaciones existencialistas, se caen, se levantan, se encierran y se pierden en los recovecos de la memoria pero son capaces de agarrarse a cualquier tabla flotante y sacar la cabeza para respirar y vivir. New York es la ciudad “austeriana” por antonomasia, es donde viven sus protagonistas que sufren de un desequilibrio de identidad y que sin embargo buscan la felicidad sin caer en lo moral. Y pese a vivir enamorado de su país AUSTER no esconde sus críticas a los Estados Unidos y a la actual administración a quienes llama “una banda de locos”.
Paul AUSTER tiene el mérito de haber transformado el caos del hombre moderno en una obra de arte.
Su último libro “Brooklyn Follies” nos enfrenta a tres personajes metidos hasta el cuello en los meandros de una vida complicada y difícil, sin que por ello el escritor haya recurrido a grandes y alambicados argumentos; ellos sufren de enfermedad, abandono, desamor, depresión naciente, pero también le plantan cara al destino, y todo termina en un grito que celebra la vida.... en medio de una tragedia mundial.

FLP

 


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