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Diez voces nuevas
Dolores Campos-Herrero
| Publicar un libro siempre
es una aventura. Una aventura intrigante
porque nunca sabes qué fortuna
va a tener. Cómo le va a ir, abandonado
a su suerte, sin esos mimos del autor
que consisten
en corregir cada día una coma aquí,
un verbo allá y un adjetivo, más
allá.
Un libro que se publica es como un familiar
que se va de casa. Ya no le puedes dar
los buenos días, ni una palmada
de ánimo. Pobrecito, te dices,
cómo le irá ahí afuera. |
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La aventura de Generación 21 comienza
en el acto mismo de la creación, pero
también en un taller de escritura. En
dos, para ser más exactos. En los dos
coincidimos, en el 2005, los escritores que
forman parte de esta antología y yo.
No eran los primeros talleres que impartía,
por lo tanto, ya me había acostumbrado
a esa realidad de tropezarme con envidiables
talentos. De encontrarme con autores desconocidos
que hacían sus obras silenciosamente,
desde esa soledad que es necesaria para cualquier
creador, pero que tiene también algo
de desazón; la incertidumbre de no saber
a ciencia cierta si tendrán destinatario
tus palabras.
De los trabajos de nuestras sesiones en el taller
salían textos tan impecables que me daba
auténtico cargo de conciencia que permanecieran
escondidos, encerrados en una gaveta. Por ejemplo,
este de Ángeles Jurado Quintana, titulado
Tsunami:
“- ¡Tsunami! ¡Tsunami! –
aullaron.
Y huyeron en una loca confusión de extremidades
en movimiento.
Sin embargo, la aguadora apenas prestó
atención al cataclismo que había
provocado, al mover la garrafa, en el hormiguero”.
O este otro de Angélica González
Gopar, Los girasoles:
“Ayer, a eso de las seis, decidí
matarla. No me pregunten por qué, ni
yo mismo lo sé. Fue una decisión
repentina. No hubo premeditación, lo
juro. Tal vez influyera que me hallaba ante
un cuadro de Van Gogh - impertinente como su
creador - que acribilló mi cerebro con
funestas asociaciones. Odio las flores, más
aún si son amarillas. Me traen a la memoria
tardes de sol colmadas de desidia, tardes de
siesta. Siestas de cretinos tumbados panza arriba
bajo un sol hostigador, de postal barata. La
abulia disfrazada de bien nacional. La muerte
bajo una sombrilla de colores.
Los girasoles abriéndose paso contra
natura en un campo de trigo, antes de que los
cuervos se adueñaran del lienzo y apagaran
la vida. Cuervos como vendas negras en los ojos
de los que iban a ser muertos. La cara oculta
de la siesta. Y en medio del cuadro: mujer de
rojo rabia sobre fondo amarillo de siesta, bajo
venda negra de desolación”.
VARIEDAD DE VOCES
Cuando realicé la propuesta que ha terminado
en este libro, la hice asumiendo todos los riesgos
posibles. Sin voluntad de excluir a nadie. Los
diez autores que hoy están aquí
respondieron al reto. Mi misión, a partir
de ese momento, fue alentarles a que me entregaran
uno o dos relatos. Algunos más en el
caso de los cuentos hiperbreves.
El resultado es un libro rico por su variedad
de voces.
Hay textos con voluntad de ruptura como los
de Carlos Hernández, autor de Imbécil
y Contrato de cesión vaginal .
Otros que se mueven en ese espacio literario
en el que el imperativo absoluto es el de contar
una historia. Ficciones mínimas, como
hemos visto en el caso de Ángeles Jurado
Quintana y Angélica González Gopar.
Brillantes cultivadoras de un género
moderno y vital que hace realidad esa vieja
regla matemática, que si mis recuerdos
escolares no me engañan, decía
que menos, casi siempre, es más.
Ángeles y Angélica comparten un
nombre casi idéntico y una habilidad
más que sobresaliente para el cultivo
de la miniatura literaria, ese arte pigmeo como
muchas veces se ha definido a los microrrelatos.
El cuento de Eduvigis Hernández que abre
el volumen no tiene desperdicio. En el jardín
es una escritura que se sabe re-escritura. Homenaje
certero a la literatura que se ama. De ahí
ese guiño que supone la dedicatoria que
encabeza el texto. La autora se lo dedica a
R.L .Stevenson. Con semejante santo de cabecera,
este relato no puede ser otra cosa que una apuesta
enigmática, dotada de intensa atmósfera.
Dos virtudes considerables para cualquier cuentista.
En Manuel Muñoz, en cambio, prevalece
una ironía que es común a casi
todos sus cuentos. El camafeo es el título
del que ha elegido para esta antología
de nuevas voces.
También puede rastrearse en él
una tendencia al preciosismo que no llega a
ser barroco, pero procede directamente de sus
orígenes andaluces.
Mari Carmen Rodríguez es una de esas
autoras de gran aliento, dotada para las carreras
largas y las novelas. Ver llover y Tu rostro,
una quimera son sus dos apuestas. Es Mari Carmen
una perfeccionista que busca su voz personal
a través de narraciones con vuelo de
imaginación y elaboradas tramas.
Tan sólo una mentira y Tejiendo palabras
son los relatos de Marisa Rey. Una autora que
opta por sólidas estructuras narrativas
e historias con fuertes protagonismos femeninos.
Memorias familiares muy diferentes a la de Daba
igual, de Daniel Hernández. Daba igual
es una historia con cierto poso de amargura
que contrasta con su irónico Cambio de
puesto , una hilarante conversación telefónica
con esa dama siniestra a la que siempre vemos
representada con una guadaña y no con
un moderno modelo de motorolla.
Agustín Adrián, por su parte,
es un narrador de cuerpo entero. Se mueven en
ese mundo de las historias intensas. Pura vida
que desmenuza en Noche de rosas y Laura en flor.
Es casual que Patricia Álvarez cierre
el libro y su relato se titule Último
acto: Daniel hace mutis por el foro. Ironía
donde las haya para una historia de amor. De
encanto y desencanto.
Usos amorosos del siglo 21 para un grupo de
escritores que me ha gustado denominar así.
Aunque reconozco que la auto cita nos convierte
inmediatamente en sospechosos de egolatría,
no tengo más remedio que incurrir en
ese pecado. Pero, más que citarme, lo
que a continuación hago es reproducir
un fragmento del prólogo de este volumen.
“Emprender antologías y designar
a un grupo de creadores bajo el apelativo de
“generación 21” no es otra
cosa que una convención. Una manera,
un atajo para llegar al sitio que queremos:
descubrir un buen número de escritores
con escasa visibilidad literaria todavía.
Personas muy distintas entre sí, que
al margen de su trabajo, su sexo o ideología,
están en un excelente momento de capacidad
creativa.
Narradores que buscan nuevas maneras de contar
y que quieren contarse entre quienes escriben
con mucha disciplina y no menos pasión…..
…..Lo de generación 21 no implica
que todos sean jóvenes, extremada e insultantemente
jóvenes como los de la llamada “generación
quemada” norteamericana. Tampoco que su
visión de la contemporaneidad y el futuro
permita establecer una suerte de lucidez visionaria.
Un diagnóstico feroz de hacia dónde
vamos”.
Lo que no quiere decir que no haya en este
libro de nuevas y heterogéneas voces
una mirada muy atenta a la realidad circundante.
Vean si no, esta Noche de San Juan, de Ángeles
Jurado
“A medianoche, percibimos las primeras
señales de la costa: flores de fuego
en el cielo y una constelación de hogueras
sobre el agua.
Apreté a Zaida contra mí y sujeté
con firmeza la bolsa de plástico con
nuestras pocas pertenencias, cuando Hassan nos
ordenó que saltáramos al mar.
Nos recibió una marea de naranjas, flores
y espuma. Flotaron bañistas hacia nosotros,
se oyeron risas.
Zaida y yo nadamos en dirección contraria,
arrastradas por la corriente hacia la arena
tachonada de velas.
Y así llegamos a la isla, en la noche
de San Juan, para echar un mar a buches sobre
una playa en llamas antes de que unos hombres
uniformados nos enredaran en mantas negras”.
En fin, al margen ya de temáticas y
cualidades, no hemos hablado todavía
de otro importante aspecto. Este libro tiene
también algo de bautismo literario.
No todos los autores presentes en Generación
21 son rigurosamente inéditos. Dos de
ellos han publicado en revistas y en otras antologías
o están a la espera de que aparezcan
sus primeros libros de relatos en solitario.
Pero esta antología, publicada por la
editorial grancanaria Anroart, nos permite,
en un 80 por ciento –valga, por esta vez,
la tediosa estadística-, descubrir a
un buen puñado de escritores nuevos,
de voces desconocidas.
Esperamos que este sea el empujón que
les anime a abandonar definitivamente el silencio.
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y comunicaciones:
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