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Diarios de un Escritor, de Virginia
Woolf
| Virginia
WOOLF comenzó a escribir sus «
Diarios » en 1915 ; si bien era
asidua al encuentro consigo misma, no
se consagraba cada día al trabajo
de redacción de su Diario sino
cuando sentía la necesidad de hacer
un alto en el camino y un descender a
su propio Averno. ¿Averno? Sí,
porque la vida de Virginia era ya un oscilar
entre el Sol de Apolo y el infierno de
Hades y Perséfone. |
Virginia Woolf |
A primera vista su “Diario” no
difiere en mucho de otros de la época
llevado por gente de letras, artistas o figuras
políticas o sociales, salvo por su brutal
sinceridad y el testimonio del alt’isimo
medio literario en el cual había sido
educada y desarrolló toda su vida. En
su Diario, Virginia daba cuenta de las personas
que encontraba, la opinión que le merecían,
las lecturas que hacía; criticaba sus
propios libros y se aventuraba a un examen de
conciencia humano y literario. Todo ello sin
concesiones; así encontramos una estampa
feroz sobre la célebre Lady Esmeralda
Cunard, uno de los cancerberos sociales de la
época, como de Katherine Mansfield (cuya
obra detestaba), su amado Lytton Strachey o
su amante Vita Sackville-West. También
escribía del hartazgo que le producía
“Mrs. Dalloway” o las esperanzas
puestas en “Las Olas”.
"Ella utilizaba hojas
de papel de formato 21 x 27. Al principio las
hojas estaban unidas por grapas, pero pronto
fueron encuadernadas en volumenes protegidos
por una cubierta de cartón de colores,
con los mismos motivos que utilizábamos
en la Hogarth Press para los libros de poesía
que Virginia amaba tanto”
escribió su marido Leonard que, dándose
cuenta de la importancia que tenía para
Virginia el confiarse a su Diario íntimo,
comenzó a preparar especialmente dichos
cuadernos, lo mismo que encuadernaba los que
ella utilizaba para escribir sus obras.
A su muerte, se encontraron veintiséis
volumenes del Diario.
Leonard Woolf era consciente del error que se
comete de publicar extractos de un Diario o
antología de una correspondencia, sobre
todo cuando se quiere proteger la suceptibilidad
de algunas personas o proteger reputaciones.
Al final toda omisión deforma el verdadero
carácter del autor. Pero hay otro problema
que existe en la naturaleza misma del Diario:
a menudo el diarista que no es regular a su
encuentro cotidiano, recurre a la pluma y a
su cuaderno para notar un estado de ánimo
particular – ya sea euforia, irritación
o aburrimiento – y de esta manera su propio
carácter aparece desequilibrado desde
el principio.
A partir de 1941, tras el enorme clamor que
suscitó el suicidio de su mujer, Leonard
Woolf se vió en la disyuntiva de publicar
los Diarios de Virginia que, sin embargo hacía
alusión a personas que estaban aún
en vida de manera muy personal. Decidió
entonces comenzar la publicación del
“Diario de un escritor”,
es decir, extractos de aquellas páginas
en las que se pronunciaba sobre su escritura,
sobre el arte, sobre libros, sobre los problemas
cotidianos a los que un escritor debe hacer
frente: dar forma y carácter a su obra,
corregir, corregir y corregir, el trabajo de
un orfebre. La iniciativa fue muy criticada,
como era de esperarse, pero el resultado fue
un verdadero manual y una “consolatio”
para todos aquellos que viven con la pluma en
la mano y un libro bajo el brazo.
Con su trabajo, Leonard Woolf permitió
al gran mundo de asistir al nacimiento de “Mrs.
Dalloway”, a la concepción de “Orlando”,
que Virginia tomó como un divertido descanso,
a la increíble marea espiritual que supuso
para Virginia “Al faro”, y el “Diario
de un escritor” fue traducido a todas
las lenguas como una avanzada a la publicación
integral de los veintiséis volumenes
que dejó el día de su muerte en
la habitación verde de Monk’s House.
Más tarde se atacaría a su voluminosa
correspondencia.
Pero Virginia Woolf no se limitaba a escribir
sobre estilos literarios o la lectura de los
clásicos ingleses, sino también
consignaba – feliz – cómo
iba a utilizar las regalías de sus libros
para mejorar la comodidad de la casa: “tedremos
dos WC, uno pagado por “Mrs Dalloway”
y otro por “The Common Reader” escribía
en 1926.
Tomasi di Lampedusa, Dossi, Selma Lagerlöf
o Cocteau son una excepción en el medio
literario: a menos de tener una fortuna familiar
y/o personal, el escritor está siempre
corto de dinero, no tiene tiempo para otra cosa
sino para escribir, y es muy mal administrador.
Y pese a sus orígenes burgueses, Virginia
no era una excepción.
El 28 de marzo de 1941, Virginia se dirigió
al río que corría cerca de su
casa, en Rodmell, se llenó los bolsillos
de piedras y se adentró a las aguas del
Ouse.
Leonard Woolf encontró un billete escrito
con la fina caligrafía de su mujer
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Tengo
la certitud de estar volviéndome
loca: siento que no podremos soportar
más uno de estos períodos
terribles. Esta vez siento que no me voy
a recuperar. Comienzo a escuchar voces
y no puedo concentrarme. Hago entonces
lo que me parece la mejor cosa en estas
circunstancias. Tú me has dado
la felicidad más grande... Siento
que ya no puedo luchar, sé que
estoy arruinando tu vida y que sin mí
podrás finalmente trabajar.
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El “Diario de un escritor” está
traducido al castellano. Circula también,
desgraciadamente, una antología de los
“Diarios” de Virginia Woolf..........
Existe una Sociedad británica de Virginia
Woolf con un sitio que podéis consultar
en www.virginiawoolfsociety.co.uk
© Fernando LAMAS
Queremos recordarles que pueden adquirir libros
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