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FRIDA KAHLO, una vida abierta,
De Raquel TIBOL
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Sobre Frida KAHLO se ha
escrito y publicado mucho, no solo biografías
y estudios de su obra pictórica
sino también sobre su relación
con ese otro inmenso artista que fue Diego
RIVERA. Sin embargo pocas veces se ha
dejado hablar a la propia Friducha, como
ella firmaba muchas de sus cartas.
Es lo que ha logrado la escritora y crítica
de arte argentina Raquel TIBOL (Basavilbaso,
Argentina, 1923) con su libro “Frida
Kahlo, una vida abierta”, dándole
la palabra a la artista que se exprime
con sus cartas, manifiestos y escritos. |
Frida KAHLO |
Raquel TIBOL conoció a Frida Kahlo en
1953, un año antes de su muerte, cuando
la entrevistó en su casa de Coyoacán.
Aún recuerda el ambiente de “infinita
tristeza” que se respiraba en la habitación
de la pintora, así como la impresión
del visitante, tras unos minutos de desamparo,
de encontrarse en una juguetería. Era
el universo de color y fantasía de Frida,
unido al dolor de un cuerpo martirizado.
“La vida abierta” de Frida Kahlo
comienza con las cartas que escribió
desde el hospital, tras el accidente del 17
de setiembre de 1925, a su amigo y amante Alejandro,
un accidente que marcará su vida de manera
definitiva. La lectura de su correspondencia,
de sus escritos, de los manifiestos que subrayaban
su compromiso político, nos guían
por el universo pictural como de la mano de
una mujer que firmaba las cartas que dirigía
a sus íntimos como “tu cervatillo”.
Casada en 1928 con Diego Rivera, el libro recoge
la presentación que Frida escribió
para el catálogo de la exposición
hecha en el Palacio de Bellas Artes de México
en 1949, un “Retrato de Diego” que
es un análisis definitivo del carácter
y la personalidad del pintor.
Pero Raquel Tibol cede la palabra también
a los amigos de Frida Kahlo, y encontramos frases
como la del propio Diego Rivera, quien en una
conversación con el crítico de
arte Sam A. Lewinsohn en octubre de 1938 decía:
“Se la recomiendo, no como marido, sino
como un admirador entusiasta de su obra ácida
y tierna, dura como el acero y delicada y fina
como las alas de una mariposa, adorable como
un sonriso y profunda y cruel como la amargura
de la vida”. Es el año de su primera
exposición en la galería Julien
Levy de New York, que alcanzó un éxito
extraordinario.
El periodista Oscar Avendaño Trujillo
entrevistó a Raquel Tibol en 2005 sobre
su relación con Frida Kahlo; creemos
que la propia escritora puede resumir su pasión
por la artista y la razón de ser de su
libro
Oscar Avendaño: ¿Qué
recuerda de Frida, cómo fue su relación
con ella?
Raquel Tibol: Yo conocí
a un Frida en una etapa previa a que le amputaran
la pierna, es decir, era una Frida con una tremenda
angustia; estaba acostada, casi no se levantaba.
Tenía que calentarse el pie derecho para
que no avanzara más la gangrena. Yo nunca
había puesto una inyección, pero
me acordé de que mis hermanos que estudiaban
medicina practicaban en una naranja, cuando
Frida me dijo ¿sabes poner inyecciones?
Le dije que tal vez podría. Le inyectaba
hemerol, una droga muy fuerte. Frida tenía
costras porque se lastimaba mucho cuando no
tenía quien le inyectara. Lo que me llamó
la atención de este clima tan particular
era una mujer que transmitía energía
humana positiva. Le dije: “Frida, aprovechemos
el tiempo y me dictas tu biografía”.
Antes de que la operaran en el 54, la publiqué
en el suplemento “México en la
cultura”. Fue la entrevista más
larga que dio en toda su vida. Tenía
una singularidad idiomática, sin tener
prejuicios de palabras feas, bonitas, palabritas
o palabrotas.
Se dice, Frida era lesbiana; todas las películas
tienen que poner la referencia. En los escritos
hay una mención. Hay una carta que le
escribe en el 32 o 33 a Clifford Wight, un noble
inglés que era ayudante de Diego en los
murales de San Francisco. En esa carta le dice:
« Georgia O’Keefe (una célebre
pintora norteamericana bi-sexual que fue esposa
del fotógrafo Stillings) estuvo en el
hospital, se va de vacaciones a las Bermudas;
no me va a poder hacer el amor ».
Hay otro texto de carácter sexual directo,
que es un encontronazo de tipo amatorio entre
Frida, bisexual, y Carlos Pellicer, homosexual.
Ella le escribe una carta donde le agradece
que la haya dejado llegar al sol (los chinos
llaman Sol al miembro masculino). Es decir,
lo masturbó. Son las únicas dos
cuestiones directas que hablan de sexo.
A Judith Ferreto, su enfermera costarricense,
Frida le regaló un dibujo, el único
dibujo casi pornográfico que le conozco.
Otro dato de las cuestiones lésbicas
de Frida lo viví. El máximo coleccionista
de Frida, el ingeniero Morillo Safa, que llegó
a coleccionar 40 obras de Frida que le encargaba,
tenía una hermana que había tenido
un tremendo acciden-te y le habían trepanado
el cráneo; había quedado fronteriza:
neurótica y lésbica. Frida le
dio entrada en un tiempo y luego le cerró
la puerta, esta mujer la acosaba y un día
le dijo: si no me haces caso, me enveneno, me
mato. Frida se rió. La muchacha bajó
a la cocina a buscar un vaso de agua, tomó
el veneno, alcanzó a subir y murió
a los pies de la cama de Frida.
Yo estaba en el estudio, redactando en el escritorio
que todavía está en el tapanco,
y Diego estaba pintando abajo; de pronto llamaron
por teléfono y le dije: “maestro,
lo llaman de la casa de Coyoacán”.
Diego de pronto se echó unas carcajadas
que por poco rompen el espejo del estudio. Le
acaban de avisar que había muerto la
señorita Morillo Sada. Ellos y el ingeniero,
que era una persona muy prestigiada, se arre-glaron,
se sacó el cadáver y no salió
nada en los periódicos. Yo me salí
de la casa de Coyoacán porque hubo un
intento de Frida de entablar una relación
de ese orden, y yo no sabía cómo
reaccionar. Le dije “bye bye!” Fue
en noviembre del 53 cuando me salí de
la casa de la familia Rivera Kahlo.
Oscar Avendaño: Frida
ha sido un fantasma en su vida, ¿le dejó
una tarea, no?
Raquel Tibol: Tarea sí
me dejó, le ha dado al clavo. He hecho
mucho trabajo en torno a Diego y a Frida. Se
han hecho muchas cosas amarillentas, hay tremendismo
en torno a la personalidad de Frida. Hay un
opusculito que hizo Teresa del Conde cuando
fue el año internacional de la mujer
en 1975, pero el primer librito formal sobre
Frida lo publiqué en el 77. Éste
es “Frida Kahlo, crónica, testimonios
y aproximaciones”. En el 80 apareció
en Alemania y fue el primer libro sobre Frida
que apareció en Europa. En el 83 hice
el segundo libro: “Frida Kahlo, una vida
abierta”, que tuvo una versión
en inglés y hace dos o tres años
se publicó en Italia. He publicado en
sueco, ruso, francés..., he colaborado
en diferentes exposiciones de Kahlo...
Frida Kahlo murió en Coyoacán
el 13 de julio de 1954, y fue incinerada, según
su voluntad, obedeciendo a lo que había
escrito “Nunca jamás quiero volver
a estar acostada, ni siquiera en un ataúd”.
“Frida Kahlo, una vida abierta”
Universidad Nacional Autónoma de México
México, D.F. 1983
233 pp.
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