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“El último encuentro”,
de Sándor Márai
| De las múltiples
cicatrices que la vida nos va pintando
en el alma, muy pocas nos dejan verdadera
huella de dolor. El alma humana, como
el cuerpo, tiene una gran capacidad de
regeneración; y esas marcas que
se nos quedan, curten nuestra personalidad
y nos hacen ser como somos.
Hay sin embargo unas huellas que quedan
recónditas en el bolso de viaje
de la vida y de las que no nos desprendemos
porque nos afectan mucho más de
lo tolerable: son las que nos dejan aquellos
seres cercanos en los que el amor y la
amistad han sido tan intensos como la
desolación que provocan sus traiciones.
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Heridas que arrastramos de por vida sin poder
cicatrizar y que son inasumibles por el valor
que damos al amor que pusimos en quién
nos las ha provocado.
Dice el saber popular que del amor al odio hay
un paso muy pequeño. De la amistad fraterna
al sentimiento de traición que condiciona
la vida entera hay una estrecha línea
de separación, una frontera difuminada
que se atraviesa con facilidad.
Y son curiosas las pasiones humanas: nuestro
nivel de tolerancia se vuelve mucho más
exigente cuando la conducta que enjuiciamos
porque nos ha afectado se refiere a personas
que amamos profundamente. Aquello que toleramos
como poco importante de la conducta de los demás,
se nos transforma en intolerable cuando el sujeto
que nos afecta es nuestro amigo, nuestro amante,
aquel en el que hemos puesto la gran carga de
profundidad que es nuestro amor. Este es el
trasfondo de la novela de Márai.
Los que no tenemos “muchos amigos”
sino “algunos pocos amigos”, podemos
comprender perfectamente, aunque podamos no
haber vivido esa experiencia, el discurso que
atraviesa la novela de Sándor Márai.
La radiografía de una vida apagada por
una sentida traición, la espera de un
reencuentro inevitable porque sin él
la vida quedaría desecha. La historia
de una incomunicación que se resiste
a acabar sin palabras. Un encuentro de dos viejos
que esperan reencontrarse para poder morir comprendiendo
el silencio que ha taladrado sus vidas. Ni siquiera
queda claro que realmente hubieran existido
razones. Como antes anoté, ante las personas
que amamos alcanzamos niveles de intolerancia
que escapan a un análisis objetivo de
los hechos que provocan la distancia.
El autor, verdadero especialista en radiografiar
las pasiones y los sentimientos humanos, se
aproxima en esta novela a la reflexión
sobre la amistad y la traición. Vectores
estos que viajan en paralelo por la vida de
los dos protagonistas. Incomprensiones, falta
de diálogo, actitudes viscerales que
hacen que donde ha existido la dependencia absoluta
entre dos amigos, se pase al rechazo radical,
al alejamiento más abrupto, al odio (?)
sostenido aunque en ningún caso al olvido.
Soy poco dado a criticar los “culebrones”,
las telenovelas que se realizan en América
Latina y en España. Tuve un profesor
de Ética en la Universidad que ponía
dicha producción televisiva, ante nuestra
incredulidad, como ejemplo de pasiones humanas
en estado puro, al estilo de los grandes dramas
del teatro de la Grecia clásica. Si no
fuera por el degradado intelectual con el que
vulgarmente conceptuamos dichas series de televisión,
me atrevería a señalar la novela
de Márai como un gran “culebrón”,
es decir, pasión pura, genuina, tajante
explicación sobre los sentimientos del
ser humano… todo ello presentado con un
lenguaje excepcional y un paisaje centroeuropeo
convulsionado por la caída de los antiguos
regímenes y el nacimiento de una era
nueva que los protagonistas ya no alcanzan a
comprender.
Sándor Márai (su verdadero nombre
era Sándor Grosschmid), nacido en una
pequeña ciudad húngara hoy perteneciente
a Eslovaquia, es un superviviente de exilios
(Alemania, Francia, Italia, Estados Unidos)
nunca del todo asumidos. Un autor olvidado hasta
el ocaso del comunismo casi en el anochecer
voluntario de su vida (se suicidó en
1989 en San Diego, California, poco tiempo antes
de la caída del Muro de Berlín).
Y triste paradoja, sus maravillosas y humanas
historias compuestas con un lenguaje extraordinario
resultan una verdadera bomba editorial y acontecimiento
literario ahora que no se encuentra él
para sentir el afecto y el reconocimiento de
sus lectores. La primera edición en castellano
de esta pequeña novela apareció
en 1999, diez años después de
su fallecimiento. Y en seis años ya van
24 ediciones.
EDICIÓN EN CASTELLANO:
Sándor Márai, El último
encuentro, Editorial Salamandra, Colección
Narrativa, Barcelona, 2005, 24ª edición,
188 páginas.
(Fotografía tomada de la cubierta de
su edición en castellano)
Frank Doel
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