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Centro Cultural

 
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La Casa que grita

"SED DE PALABRAS"

©Textos: Teresa Iturriaga Osa
©Ilustraciones: Sira Ascanio

PRESENTACIÓN DEL PROYECTO

"SED DE PALABRAS"

La llegada del nuevo año nos llenó de buenos propósitos, parecía que alguien tocaba a la puerta de nuestras conciencias. Sin embargo, ya estamos en abril y el fenómeno de la inmigración continúa, sigue derramándose sangre en el océano y presenciamos el dolor de las familias que pierden a sus seres queridos en las travesías al paraíso occidental. Y algo habrá que hacer... La pregunta surca el aire... Cada persona deberá encontrar sus propias respuestas. De ahí que estos poemas ilustrados formen parte de un proyecto de sensibilización titulado "Sed de palabras", un trabajo poético a través de la palabra y la imagen que tiene como objetivo reconstruir la figura del inmigrante ante la opinión pública. El rechazo contra la identidad cultural de los inmigrantes -entendida como agresión a nuestras costumbres- forma parte de los prejuicios que nos invaden; por tanto, es más que necesario abrir espacios de convivencia intercultural, campos de posibilidades para el conocimiento mutuo. Es hora ya de olvidar las lógicas de exclusión, el sentimiento de alarma que se está desarrollando en nuestras sociedades acomodadas, y comprender, definitivamente, que el impacto de la inmigración es una riqueza.

Teresa Iturriaga Osa
Las Palmas de Gran Canaria, 8 de abril de 2008.


I. Adelfas

En tus manos hay adelfas enanas
de color pálido,
rosado,
que han venido a visitarme
al llamado de tu voz.

Significantes del grito negro y patético,
se han elevado en silencio,
como un consuelo de patera,
barro y aroma
con hambre de siglos.

Han llegado en auxilio de todos,
tensando los huertos tranquilos,
las alambradas de especias.

II. Sin rumbo fijo

No es fácil
seguir el protocolo del alma,
pues antes de nacer el hombre y sus leyes,
ya estaba escrito en el aire.

Ebria de amor, el agua del mar
se agitó entre ademanes y palabras...

¿Y cómo ibas tú a comprender el misterio de aquellos versos
si aún no habías nacido?

Busca en tu tinaja la última gota
de mi vino sacro,
novia del rocío de los campos de cuentos,
la vida misma,
vida,
que se me escapa
por el hueco del ser
en lágrimas por ti.

III. Ni rastro

Tuvo que poner mar de por medio.
Tuvo que viajar
al corazón
de esta tierra de fuego,
para olvidarse de todo
y, luego,
de ti.

Pasajera a bordo del sueño,
nada sabes de su arena marfil.
Has excavado las grietas del volcán,
has sondeado el silencio
hasta la última sima.

Y en las fauces del Atlántico,
ni un rastro, ni una señal viviente.
Sólo unas tablas
y una lágrima
y un adiós.

IV. Restos del azar

Hay un hueco entre manglares
donde se quedaron muchas cosas.
Saladas, dulces, desabridas o picantes,
las recuerdo únicas.

Se perdieron en el tránsito del tiempo,
juego de sombras,
ebullición de hierros,
ases contra ases.

Fue de repente.
Un intersticio húmedo rugió
desde el corazón de la jungla
y lo salvaje se adentró
por las esquinas más cándidas de mi piel.

Eclosionaron las esporas,
hombres arácnidos de corte oriental
se abalanzaron contra mí.

Ciega busqué las yemas trémulas
de algún setero a flote,
te busqué,
pero te escondían bajo un nicho de larvas.

Un enredo de bruma y viento elevó su puño contra mi conciencia.
¿Es malo dejarse soñar?
Lo hice.
Corrieron verdes ríos de esperanza.
Vestí mi desnudez con las flores del musgo.
Y en la torpeza del invierno, en manos del azar,
mis pasos desafiaron la corriente,
viví la oscuridad del golfo, las tormentas. Allí me quedé.

Dos pájaros fueron testigos de mi naufragio,
vieron cómo me fui a pique,
sus alas chocaron contra el nido, de verdad
que no pudieron ayudarme.

Al renacer, los saludé y deseé celebrar nuevas exequias.
Un huracán de versos cayó sobre su espalda.

Entonces, se giraron,
increpando al altísimo decir,
y esa mirada aplastó su frente
con mil huellas de elefante.
Anunciaba que
no están en venta los manglares.

 

Inscripciones y comunicaciones: info@lacasaquegrita.org

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