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Creación Literaria

SONETOS DEL VÉRTIGO

I

El Teléfono

Dulce y lejana voz por mí vertida,
dulce y lejana voz por mí gustada. (Lorca)

Si sólo a mí se deben las llamadas,
estos asaltos de conversación
son excusas de torpe polizón
que yo estiro en palabras atoradas,

sorpresas en tu tiempo, toleradas
por tu hospitalidad sin ilusión,
complacida al tratar con la invasión
de sílabas de sobra en tus veladas.

¡Qué prescindibles se han de oír los pasos
que se emprenden en un solo sentido!
¡Qué frágil y anodina compostura!

Duro es tender constantemente lazos
no sé hacia dónde. Al menos, en mi oído
vibra de cuando en cuando la hermosura.

II

Imprevistos

Si dejamos a la casualidad
la dicha de encontrarnos, es posible
que el juego de este azar inconmovible
no nos conceda otra oportunidad,

y si en una gratuita salvedad
nos brindara un instante impredecible,
¿cómo sabré encajar lo indescriptible:
tu cuerpo iluminando la ciudad?

Porque vernos y no estar a la altura
de la sorpresa, agosta la ventura
sin indemnización por la tardanza.

Por lo que pueda suceder, en vilo
y alerta debo estar, puesta en un hilo
la vida, ante el reloj y la esperanza.

III

Condiciones para un Vals

Vale, seré paciente con tu tía,
daré las medicinas a tu abuela,
me dejaré engañar por tu gemela
y sacaré a tu perro, vida mía.

Muy bien, asistiré a tus cumpleaños,
daré conversación a tus amigas,
a los vecinos con los que haces migas
y a tus dos sobrinitos más huraños.

Seguiré los consejos de tu padre,
te dejaré muy bien ante tu madre
y me atendré al libreto en tu teatro

con tal que juntos, aunque acompañados,
al fin sobre la pista y abrazados,
giremos a un compás de tres por cuatro.

IV

La Cita

Convenimos: te llamo un lunes nueve.
Quedo anclado a esta cita tan sumaria,
débil, difusa y bella luminaria
que avivaré estos días, llueva o nieve.

Esta espera, después que uno se atreve
a invitarte a una noche extraordinaria,
por la ciudad me arrastra como a un paria,
presa del primer viento que lo lleve:

me anticipo en los clubes y salones,
los karaokes y las discotecas;
¡todo puede ocurrir en esa noche,

todo o nada, entre bares y mesones!,
y en cada todo o nada que hipotecas
Ana Belén nos canta su Derroche.

V

Del complejo de ser un plomo

Plomo de bala lenta, plomo romo
que sumerge la boya bajo el agua,
plomo fundido a fuego de tu fragua
por forja artesanal de un gnomo plomo.

Plomo, las precauciones que me tomo.
Plomo, desde Berlín hasta Managua.
Plomo, si al recordarte siento magua.
Plomo que anega en gris mi alegre cromo.

Plomo nivelador y equilibrista,
piruetas de plomizo trapecista,
pies de plomo que danzan su emoción:

miedo a caer a plomo en tu mirada,
vértigo que se ampara en la plomada
sobre el andamio de mi corazón.

VI

Soneto del pusilánime

Yo tengo para mí que no te tengo,
que no te tuve y no tendré tampoco
esa silueta que cimbrea el siroco
y por la que no sé si voy o vengo.

No supe hacer y en mí solo me vengo
por lo que tarde y nunca aferro y toco
declamando un monólogo de loco,
loca salmodia con que yo me arengo.

¡Ay, soliloquios de apretados labios,
ay, circunloquios de ásperos resabios!.
No consuelan de haber sido un patoso,

soñador pusilánime y esquivo,
perro que ladra a un sueño fugitivo
y lame su impotencia, vergonzoso.

Eduardo R. Glez. Ascanio, Las Palmas a 6 de enero de 1995


Inscripciones y comunicaciones: info@lacasaquegrita.org

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